Acerca de la Depresión

01.05.2019


En algún momento de la vida hay que comenzar a ser sinceros con nosotros mismos. Muchas veces, intentamos ser transparentes a toda costa con los demás, dejando a un lado nuestra intimidad personal. En lo cotidiano, es la habitual tendencia a decir «si» cuando realmente queríamos decir «no»; situación que se convierte silenciosamente en un hábito nocivo que atenta sobre una floreciente autoestima y valoración personal.

Hemos crecido intentando ser aceptados por los demás; es natural, sentirnos acogidos e integrados en sociedad nos aporta una exquisita sensación de seguridad. Así crecemos durante años aferrándonos a esta idea. Cuando esto comienza a desvanecerse, y todos los ideales que pensábamos podían ser ciertos parecen escaparse de nuestros cuerpos, irrumpe la depresión. Motivos adicionales hay muchos; la pérdida de algún ser querido, una relación infructuosa o no compartida, un sinnúmero de discusiones, malentendidos, exceso de "pasado", fracasos laborales, etc., en rigor, sueños y esperanzas que creemos ya no se cumplirán.

Alguien con depresión se siente abatido, cansado, sin ganas, perdido, es el reflejo más real de lo que es sentirse sin amor. Es terrible, seguramente quien ha vivido procesos de depresión puede llegar a sentir lo que es. Los libros y las palabras pueden decir mucho, pero no es experiencia de primera mano en términos de tu ser individual.

Quien sufre de depresión está plenamente identificado con una emoción o un pensamiento, parece no desaparecer, es una tribulación constante, una irrupción de sufrimiento y tristeza. Hay dolor y llanto. Hay desesperación y frustración. Hay enojo y desidia absoluta. Es difícil levantarse, ya que la voluntad personal parece rendirse. Está cansado de luchar. ¿Dónde quedaron los sueños? ¿Dónde quedaron las esperanzas? La identidad personal queda suspendida en algún lugar del planeta convertida en restos de nostalgia y pánico.

Si hoy tienes depresión o conoces a alguien cercano, te recomendaría lo siguiente. Esto es sólo mi experiencia, una conclusión de años de experimentar episodios. 

"Consideramos exquisito y bello disfrutar la alegría, bienestar y felicidad ¡Cómo no! Cuando las cosas andan como queremos hay una energía efervescente que irradia el cuerpo y el semblante. La sonrisa se dibuja por sí sola en nuestros rostros. Pero no todo el tiempo va a ser así. El cambio o la impermanencia es la esencia de la vida en este planeta. Todo cambia. Nos hemos criado evitando el dolor, sufrimiento, pérdida, tristeza, al punto que nos hemos olvidado de como estar con ellas. Cuando aparecen (les llamamos «crisis» muchas veces) pensamos lo imposible para escapar de dichos eventos con rapidez. Algunas veces se puede, otras, sinceramente no. Podemos caer en el cruel auto-castigo, evasión constante, alcohol impulsivo, drogas duras, todo para «no sentir», para no estar con ese dolor o sufrimiento. 

Te invito a aprender a estar con estos sentimientos profundos. No se trata de aceptarlos, muchas veces aceptamos forzando precipitadamente un resultado o escondiendo una sutil resignación. Trata esos sentimientos o pensamientos de la misma forma como acaricias y admiras a aquel tierno perrito que se te acerca en la calle. Sólo busca cariño. Sólo busca una caricia. Un acto de ternura. Que lo mires a los ojos con total transparencia y sinceridad. No hay un pensar. No hay un aceptar. Es un acto de unidad, de mágica conexión, donde dos corazones se agradecen el hecho de compartir una sonrisa. Es un abrazarse a si mismo, recibiéndo todo ese caudal de emociones y tensiones en el calor de tu hogar interior. El único lugar donde la real curación puede ocurrir, en la sinfonía de tus entrañas. 

Siéntate con él, no lo evites. Trata ese mar de emociones y tensiones tal como te gustaría que te recibieran a ti. Ahí está el secreto. Déjalas que respiren en la sutil apariencia del ahora. No es automático, eso sería una gran mentira. Se necesita cierta dosis de coraje, determinación y paciencia. ¡Hay tiempo! - esa es la buena noticia - Granito a granito....es la forma de construir la convicción en sí mismo. Eso es la depresión, la gran oportunidad de edificar esta profunda fe, la chance de sincerarse con total honradez.

Todo tu dolor, pena o sufrimiento es - metafóricamente - similar a aquella pequeña mascota. Sólo quiere que «abras tu puerta» «que lo reconozcas como parte tuya». Viene con malestar, con tristeza acumulada, esconde todos los fantasmas que suponen ser negativos. Eso que llaman «sombra». No lo racionalices, dado que son sólo sensaciones grabadas desde tu tierna inocencia. Seguramente, pueden caer lágrimas ¡Y muchas! Eso está bien. Una gran presión emocional intenta salir a como dé lugar. Una oportunidad de transcender el sufrimiento está en la puerta de tu hogar...

Por favor, ten cuidado con la mente cuando intente «tirarte hacia abajo» No le hagas caso. Es sólo la programación cultural y social que lleva miles de años en el planeta que dice "Cuando las cosas van mal tienes que estar así". La naturaleza de la vida es el cambio y cuando estés en el fondo del pozo ten fe en que «Todo va a pasar». Aprovecha (aunque sé que cuesta) la oportunidad de apreciarte, amarte y conocerte. Estudiar como funcionas, qué te motiva, qué te inspira, qué te desmorona, para aprender  - paso a paso - a gestionar dichos sentimientos y/o pensamientos.

Toda sensación de carencia es sólo del interior. No necesitas grandes autos, casas o viajes para ser feliz. La felicidad es tranquilidad interior, es un suave respirar, es una confianza que está presente inclusive en los momentos más complejos. Es el trasfondo de toda experiencia. Es esa tierna mirada de un bebé que sólo quiere vivir.

Reconócete como Hijo de la Divinidad (o como quieras llamarle). Venimos y volvemos al mismo lugar. Ni sabemos a ciencia cierta porqué estamos vivos y ¡Para que saberlo! Aquel espíritu que habita en ti, está en cada humano que respira en este momento.

Tú no eres un pensar (esto viene y se va). Tú no eres una sensación (esta viene y se va) No eres una emoción (aparece y desaparece) Lo que eres es una consciencia atenta, presente, un observador de todo lo que acontece, aquel "ser consciente". Eso que le da vida a tu cuerpo y a cada cuerpo.

Aprende a sentir tu cuerpo, obsérvalo, siéntelo. Conoce sus contracciones y tensiones. Dichas resistencias son la manifestación de las oposiciones a nivel mental. - El cuerpo es el reflejo externo de la mente y la mente el reflejo interno del cuerpo -. Constata el nivel de tensiones que habitan en sus diferentes zonas con tal de liberar sus crispaciones. 

Si estas con depresión, por favor, intenta honrar la vida, honrar este vivir. Honra su esencia de cambio. Sé que podrías considerarlo una idiotez, pero ahí en el fondo más oscuro de tu dolor o frustración, está la semilla de la creatividad. Hay que atreverse a caminar, sin mapa ni guía, en completa inseguridad. Nada puedes decir de ayer y menos de mañana ¡Date cuenta que sólo está el «hoy»! El futuro que crees que llegará será un nuevo ahora. Respira, honra ese respirar.

Cultiva la amabilidad, cariño, ternura, una mirada sincera y, por sobre todo, valórate (conversaremos de esto en otro artículo o video). La timidez nos hace desquebrajar nuestra entereza. Nos hace sentirnos «poquito». Tienes un cuerpo, aire y, de seguro, no te falta alimento y techo. Comienza a ver lo que «hay» y deja a un lado lo que supuestamente «falta». Abraza, aunque se tensen todos los músculos del cuerpo. Es sólo energía y hay a soltarla.

Aprende a estar contigo mismo, acaso crees que al cielo azulado sólo le gustan los días de sol y se complica con los días nublados. Aprende de la naturaleza, mira como todo está en constante cambio; el agua, las nubes, el sol, la luna....

¡Gracias Gran Espíritu por este don de vivir! Conoce la energía de vida, esa sutil corriente de energía que camina silente por tu cuerpo. ¡Hay vida en tu ser! ¡Eres eso! Si logras impulsarte y, espero que sea así, da una mano a quien está abajo. Colócate en su lugar, escucha sin juicio alguno, sólo escucha, comprende.

Si existe alguna terapia de sanación que recomiendo, es principalmente la comprensión...

Un abrazo, Cristián